miércoles, 8 de enero de 2014

A ti.

A ti que te tengo lejos, tan lejos que atraviesas las nubes. A ti, que te extraño como un niño extraña a su mamá el primer día de colegio. A ti, te escribo a ti.

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que hablamos cara a cara, desde que me diste la mano o me regalaste un beso... Ha pasado tanto tiempo... 

Mira que extraño muchísimas cosas, pero todo lo puedo resumir en: 'Extraño tu presencia'. Con solo estar dabas más de lo que podía pedir. Dabas tanta energía, que sentía que no tenía límites. ¿Techo? ¿Qué era eso? Si el techo de casa me molestaba, salía a la calle que ahí había un cielo precioso que no me frenaba. 
Ahora las cosas han cambiado pero, ¿qué te voy a contar? Tú me ves. Ves que me pongo limitaciones a cada paso que doy, que sueño por encima de mis posibilidades y que creo que en algún momento, todo irá bien.

También imagino que estarás viendo que no me dejan caer. Así como el techo choca en mi cabeza, ellos y en especial él, no dejan que el suelo sea mi hogar. Luchan para que me mantenga arriba y aunque a veces necesito atarme globos a las muñecas para no quedarme ahí, me elevo de alguna forma u otra.


¡Ya ha pasado un año! Mira que no me he preguntado en ningún momento si te llevarías bien con él. Estoy tan convencida que lo habrías querido tanto... Es muy fácil hacerlo, de verdad. Es muy dulce, amoroso y puro. No me necesita para seguir adelante, aunque crea que sí, pero te pido que cuides de él como ya cuidas de mi. Nunca está de más tener a un angelito nuevo en la vida.

Bueno, no quiero darle más vueltas a estas líneas, ni extenderme más de la cuenta. No estás aquí, hace años que no estás aquí y, aunque por mucho que cierro los ojos no logro recordar tu voz, ni el tacto de tus manos, ni todas tus facciones, esto que siento dentro por ti, jamás volará al cielo y atravesará las nubes. 

Nos veremos. No sé el momento exacto, pero estoy convencida que nos veremos.

Te quiero, abuelo