martes, 27 de enero de 2015

Baila

Silencio. Un piano. Gymnopédie No. 1 de Erik Satie. Tristeza. Melancolía.

Ella no sabe tocar el piano, pero ama tanto la música y el sonido de ese hermoso instrumento, que siente que puede tocarlo con el alma. Daría todo lo que posee por tener el virtuosismo de un pianista, su elegancia, su sensibilidad o su capacidad para emocionar.

Quizás aprender a tocar el piano le habría servido para dejar de ser tan introvertida. Si hubiera aprendido a tocarlo, habría tenido la posibilidad de expresar a través de sus dedos como se sentía en cada momento.
No habría necesitado la palabra para expresar que estaba triste, abandonada y perdida. Habría dejado que Erik Satie, por ejemplo, dijera por ella: 'Hola, da igual mi nombre, pero necesito tu ayuda. No me preguntes exactamente qué necesito porque no lo sé. Siéntate al piano conmigo y no me dejes sola'.

Sin poder evitarlo, recuerda que por alguna parte del dormitorio tiene su caja de música. Después del piano, el sonido que emite esa pequeña caja es el que más le gusta. La busca desesperada. Ahí está, en el banco de madera que hay debajo del ventanal de su habitación.

Es preciosa. Es de color beige, con unas flores talladas por toda su superficie. Huele a madera y a jazmín. No pesa nada. La abre y por unos segundos se deja embriagar por el sonido que emite. No le recuerda a ninguna melodía en concreto, pero le gusta.
La deja encima del banco de madera y decide ponerse a bailar al son de la música. Gira sobre sí misma con los ojos cerrados. Levanta los brazos, los coloca con elegancia y sigue girando. Sonríe después de mucho tiempo, hasta que algo le hace despertar de su dulce sueño. Se da cuenta de que su cajita de música no tiene bailarina.

Y lo recuerda, su caja de música no tiene bailarina porque ella decidió sacarla de ahí y esconderla. La escondió en un cajón oscuro. La encerró el día que ella dejó de soñar, de hacer lo que le gustaba, de amar los pequeños detalles...
La escondió porque no se sentía preparada para afrontar la vida.
El día que lo hizo decidió que no volvería a dejar que la bailarina danzara al son de esa bella melodía hasta que aprendiera a apreciarla. No la dejaría salir hasta que entendiera que tenía que aprender a mostrarse poco a poco, a no tener miedo de sentirse admirada, a valorarse y a crecer cuando la tapa de madera se levantara.

Ahora sí, después de mucho tiempo, se sentía preparada. Ella y su bailarina.
Y como si del más bello piano se tratara, la cogió entre sus manos y la colocó encima de su pequeño pedestal. La hizo girar y girar al ritmo de la música. Admirándola. Sonriendo. Entendiendo que la belleza puede estar en un piano, en una caja de música o en las pequeñas reflexiones que nos hacen seguir avanzando día a día.

Mucho amor.


viernes, 16 de enero de 2015

A mi yo de ayer:

Te juro que no sé en que momento del pasado estás leyendo esto, pero estoy completamente convencida que lo estás haciendo cuando más lo necesitas.
No sé si tengo todas las respuestas que quieres leer, pero son las que hay, con las que te toparás en unos meses, las que te harán respirar de alivio.

No llores más, por favor. Con los ojos hinchados no serás capaz de ver lo que de verdad es importante. Las lágrimas nublan la vista y la razón.
Yo más que nadie entiendo que no puedes evitarlo y que cualquier mensaje lleno de energía positiva, ahora mismo, te suena vacío.

No dejes que te hagan daño, te mareen o decidan por ti. Aunque ahora no estás en tu mejor momento, debes quererte y decidir lo que será mejor para volver a ser la chica que eras.
Te voy a contar algo: harás daño. Lo harás sin querer en la búsqueda de tu felicidad.
No te diré que está justificado ni que has hecho bien, pero lo hiciste y pedirte que lo evites sería cambiar tu futuro. Para bien o para mal, todo lo que hagas te va a convertir en lo que ahora soy.

Cuida los detalles. Un beso, una sonrisa, una caricia y hasta un guiño de ojos no significan nada a largo plazo, pero esos segundos pueden sanarte tanto el alma... Ahora quédate con los momentos y no con las promesas. Lo que vives es real, las promesas no.

No te cierres. Te conozco y sé que necesitas sentirte cercana, ayudar a los demás, compartir tus pequeños logros y tus grandes frustraciones. Solo aléjate de lo que no vaya a ninguna parte o te hiera. Sé valiente para tomar esa decisión porque el dolor se mete en la piel y te consume muy despacio.

Sonríe, baila, charla, come, duerme, lee, ten sexo, vive, siente... ¡Hazlo desde ya!
La vida no se va a detener porque tú tengas un mal día. El mundo no gira alrededor de ti. No quieras dejar que pase el tiempo 'correcto' para hacer tu vida. No hay tiempo, márgenes de espera o momentos correctos cuando se trata de ser feliz.

Quiero creer que estarías medianamente orgulloso de ti, de mi. He conseguido cosas que seguro ahora no te estarás ni planteando. Cosas pequeñas, insignificantes a simple vista, pero cosas que ahora mismo me mantienen a flote.

No te voy a contar nada que influya en tus decisiones o que coarte tu libertad, pero sí que te puedo decir que no soy todo lo feliz que soñé ser, pero que lo voy a lograr y en unos meses me acordaré de ti y diré: Gracias a mi yo de ayer, por vivir...

Mucho amor.