jueves, 28 de abril de 2016

Me confieso

Me llamo Sara, tengo 25 años y padezco un TCA (Trastorno de la Conducta Alimentaria). Para ser más concreta, sufro de Trastorno por Atracón.

El Trastorno por Atracón se caracteriza por episodios de ingesta compulsiva de forma recurrente. Tiene similitudes con la bulimia nerviosa. La diferencia básica entre una y otra, es que las personas que sufrimos Trastorno por Atracón no tenemos conductas compensatorias. 

En mi caso en particular me lo diagnosticaron en 2007. Solo diagnosticado, porque jamás me trataron ni me ofrecieron ayuda. Una frase en un expediente médico y ni hablar más del tema. 
Durante muchos años viví sin saber darle un nombre a mi situación y entre atracón y atracón empecé a subir de peso. 
Subí tanto peso que llegué a los 95 kilos. Cuando llegué a ese cifra que marcaba la báscula no me reconocía, sufría graves complejos y mi salud se estaba empezando a ver perjudicada. Ahí, es cuando decidí cortar por lo sano.

El 5 de octubre de 2015 di un puñetazo sobre la mesa y me propuse ser dueña de mis actos, del estado de mi cuerpo y de mi mente, de mi vida... 
Sabía, a ciencia cierta, que el camino no iba a ser un camino de rosas. Perder 33 kilos es muy complicado, pero si además te propones perderlos sin ayuda médica (nutricionista, psicólogo...), es mucho más complejo.

He llorado mucho, he caído, he buscado mil y una formas de ayudarme escuchando a mi cuerpo, he querido tirar la toalla y sobretodo, he creído que lo que me definía en mi totalidad era una enfermedad. 



Hoy, después de casi 7 meses no puedo decir que esté curada. Es más, diría que esto jamás se cura del todo, pero sí que puedo decir que llevo un camino recorrido muy importante.
He logrado perder 23 kilos, he adquirido hábitos de alimentación increíbles, he empezado a quererme un poquito más (solo un poquito, lo reconozco) y quiero, cuando pierda los diez kilos que todavía me quedan, seguir por el buen camino.

Un día dije que en algún momento contaría el motivo por el que publicaba muchas fotos mías en las redes sociales. El motivo de entonces no es el mismo que el motivo de ahora. En su momento subía fotos mías porque necesitaba vencer mis fantasmas y si hoy las subo es porque esos fantasmas cada vez son más pequeños y en algún momento, aunque con la boca pequeña, pienso: 'Pues oye, hoy sí estás guapa'.


Con esta entrada no quiero despertar lástima. Me encantaría que con mis palabras alguien más se sintiera identificado y quisiera salir de lo que le haga daño o le esté comiendo por dentro.
Contando mi experiencia me ofrezco de ayuda a través de esto o de todo lo que pueda hacer por los que lo necesiten.

Que no te engañen, es duro pero, más duro es que tu vida se te escape de las manos.

Sean muy felices y... ¡¡Sonrían!!


jueves, 7 de abril de 2016

Con la punta de los dedos.

No puedo dormir.

No paran de repetirse en mi cabeza una por una todas las canastas que logramos anotar. Sí, nada de fallos o de 'pudimos hacer esto en tal momento'. Solo puedo pensar en lo increíblemente luchadores que hemos sido durante todo el partido.

A veces me da por pensar en que nos hemos malacostumbrado. Parece que si el equipo no llega a una final, todo el camino recorrido no ha valido nada.
Para mi, hoy, no nos hemos quedado por el camino, al igual que tampoco considero que nos hayamos quedado en él el día que logramos ser subcampeones de la Copa del Rey. Cada paso es un nuevo avance que hasta hace dos o tres años ni imaginábamos conseguir.

¿Saben qué vi hoy?
Vi como un tío de treinta y siete años se jugaba a 'vida o muerte' la última canasta. Entraba o no entraba, pero no había complejos de ningún tipo, solo la seguridad que uno va ganando a base de mimar el baloncesto.
Vi como unos 'niños' se portaban como adultos, teniendo la templanza y el acierto que solo la edad y la experiencia te regalan.
Vi a bajitos saltar como gigantes y a gigantes que no entienden las palabras 'no puedes'. ¿No qué? No le digas a ellos mil veces que no lograrán conseguir algo, que mil una te demostrarán que el que no puede es el que no lo intenta.

También vi la infinita paciencia del que espera su turno, no llega, pero siempre está presente. Bendita paciencia que no te da la juventud, que la obtienes a base de golpes y que te hacen crecer.
Vi tantas cosas, que hasta me pareció ver a un superhéroe sin capa en el banquillo. A un ladito, como el que espera que llegue su momento de actuar, estaba él. Les juro que si no salió al rescate fue por razones técnicas, porque vaya si le sobraban ganas y fortaleza.

Foto de la página web del Granca

Ay mi Granca, ojalá la vida me tenga reservadas historias increíbles a tu lado. Ojalá la vida respete mi memoria para jamás acomodarme, para seguir recordando a cada 'escalón' que se colocó en el lugar exacto para ayudarnos a avanzar. Ojalá...
Eso sí, ten por seguro que da igual lo que el tiempo haga con mi memoria, que de mi corazón no te irás jamás y si un día me cuesta recordarte, miraré mi brazo y pensaré: 'importante tienes que ser, para que te me hayas quedado grabado en la piel'.

¿A por otra final?

Te amo.

Sara.