viernes, 1 de mayo de 2015

Mi Granca, nuestro Granca (II parte):

Parecía que quedaba lejos. Nos esperaba un largo camino por delante, incertidumbre en cantidades industriales y trabajo por hacer, pero todo eso iba acompañado de muchísima fe. Fe en nosotros como equipo, en la historia, en la justicia que recompensa a los valientes.

Y llegó ese día tan soñado y tan amarillo. Llegamos por primera vez en nuestra historia a una final.
Mira que es curioso, Granca, llegamos a una final que significaría más inicio que desenlace. Digamos que llegamos al cielo y, por temas que se nos escapaban de las manos, no nos pudieron abrir las puertas.
Si te digo la verdad, en los aledaños también se está bien. Al final terminas contagiado de las mismas sensaciones que experimentaron los que sí pudieron atravesar esa mágica puerta.

No te escribo para contarte mi visión técnica del partido ni para recriminarte cosas que podrías haber hecho y no hiciste. Tampoco te redacto estas líneas para pedirte más ni para contarte lo que espero de ti en el futuro.
Te escribo porque siento que no me cabe más orgullo en el pecho. Estoy orgullosa de cada hombre que se dejó la piel en la cancha, jugando o apoyándote. Me enorgullece no solo sentir que mi corazón es amarillo, también notar que cada centímetro de mi piel lo es.  Me llena de felicidad ver como tú y solo tú eres capaz de reunir a jugadores que ya no están físicamente en el equipo.

No puedo ni debo recriminarte nada. Llevas en el cuello la medalla de subcampeón de la Eurocup. Llevas en esa medalla un pedacito de tu, cada vez más numerosa, familia amarilla.
¿Cómo no vamos a estar a la altura de las circunstancias si tú has cumplido con creces nuestras expectativas? Ya no somos los que casi llegamos, no, somos los que llegamos y, a nuestra forma, vencimos.
Ganamos confianza, adeptos, respeto y, por encima de todo, ganamos a la historia que tantas veces nos dejó con la miel en los labios.

Todos y cada uno de los que te amamos, estamos a tu lado. Seguimos aquí para decirles a todas las personas que somos subcampeones y que si en cincuenta y dos años de historia no hemos bajado los brazos, no lo haremos ahora que hemos escrito con letras de plata un nuevo paso en nuestro largo camino.
Yo te prometo que no me muevo de aquí, pero tú prométeme que jamás dejarás de ser ese equipo humilde que consigue sus logros con trabajo. Ese equipo que no pertenece a una sola persona, que es más del trabajador que con esfuerzo se compra su entrada o su abono para alentarte. Ese equipo que un día me enamoró y que jamás abandonaré.

¿Recuerdas que te dije que si aguantabas un poco con los brazos en alto, al bajarlos tendrías la Copa de campeón a la altura de los ojos? Pues no pudo ser, pero si sigues mirando al frente con los brazos en alto, te prometo, de corazón, que delante tienes muchas Copas más.

Tendrás delante muchas Copas, a los lados a tus compañeros y amigos que te ayudarán a luchar por ellas y detrás a una afición que te empujará hasta la meta.

No lo olvides jamás, Granca: El futuro es hoy.

Te quiere, tu afición.