miércoles, 4 de noviembre de 2015

Querido Kuric:

No sé si lo sabes pero, desde hace tres meses, tú no puedes sentirte cansado, pensar que algo no es posible o enfermarte.
Sí, lees bien. Nosotros, los hijos, no concebimos que nuestros padres enfermen. ¡Está prohibido!
¿Acaso los superhéroes se ponen malitos? ¡Jamás! 
Los hombres con poderes mágicos, paran un ratito y cambian sus tareas diarias por una momentánea: luchar contra monstruos de nombres raros.

En un futuro, cuando les cuentes a tus hijos lo valiente que has sido, tienes que contarle que papá trabajaba duro semana tras semana para hacer felices, aunque fuera por un ratito, a muchas personas. Tienes que decirles que con tus triples, muchos amantes de este precioso deporte, soñaban y sonreían con ganas. 
Cuando te sientes a explicarles esta 'misión' especial que estás cumpliendo ahora, cuéntales que un día tocó a tu puerta un monstruito algo grande, pero no lo suficientemente fuerte como para hacerte perder el gran partido de tu vida.
Míralos, te están mirando atentamente con esos preciosos ojos que tienen, porque quieren guardar cada palabra que les estás contando para luego presumir delante de sus amigos, diciendo que su papá un día guardó un momentito el balón para coger una espada y luchar contra el meningioma.

Oye, que no solo ellos presumirán de tener un papá fuerte y luchador. Aquí, en tu segunda casa, no solo estamos muy orgullosos de ti por lo fuerte que estás demostrando ser, también nos sentimos afortunados por contar con un superhéroe en la familia amarilla. 


Lucha, Kyle. Lucha por esos dos pequeños que van a escuchar esta y un millón de historias más de tu boca. Lucha por seguir haciéndonos felices a los que amamos el baloncesto. Lucha por ti, porque la vida tiene una palabra fea como es 'tumor', pero un millón de ellas preciosas como son: 'ganar', 'papá', 'amar'... Lucha, porque es imposible quedarse atrás cuando muchísimas manos tiran de ti.

Tarda lo que necesites, nosotros te esperamos, porque ahora eres el padre de la familia Granca. 
Eres nuestro súperhéroe.

#WeAreWithYou

miércoles, 1 de julio de 2015

'Cumplesueños' feliz.

Dos meses he tardado en volver a escribir en el blog.
Sinceramente estaba esperando el momento adecuado y el tema clave.

Realmente no sé si para los que me leen, estas letras merecen unos minutos de su tiempo pero, si confían en mi, tal vez algo haga que cambien su forma de ver las cosas... 
O no... 
¿Quién sabe?

Dentro de cuarenta días exactos, es mi cumpleaños.
Cuando uno cumple un cuarto de siglo parece que ya no tiene motivos para celebrar nada y que la vejez se impone a la ilusión. Puede que sea raro, pero a mi me encanta cumplir años. Bueno, realmente siempre he creído que cuando uno cumple cierta edad, deja de cumplir años y pasa a medir el éxito de su vida por los sueños que alcanza. Algo así como: 'Vale, tengo veinticinco años y son más los sueños que me quedan por delante que los que he cumplido. ¡Vamos a por ellos!'. Creo que si pensáramos así, nos asustaría menos esa fecha clave.

Bueno, a lo que iba. He querido comenzar la entrada de hoy con mi pensamiento acerca de los cumpleaños porque este año he decidido que quiero hacer algo muy especial por el mío. Si realmente se los cuento a ustedes ˗a veces imagino que me leen muchísimas personas˗ es porque tal vez así animo a alguien más a hacerlo en algún momento de su vida o consigo que retomen proyectos aparcados. No sé, me apetecía hacerlo y ya.

Creo que si fuéramos capaces de ver el poder que tiene el ser humano para cambiar la vida de los demás, no pensaríamos que nuestras acciones son menos importantes por solo ser un grano de arena en una montaña. Da igual lo pequeño que sea ese gesto, si para ti es importante, es suficiente.
Partiendo de eso, decidí hace unos meses que no quiero recibir nada para mi en mi próximo cumpleaños. Quiero que mi fecha especial también lo sea para unos amigos muy pequeñitos y vulnerables.

La idea que he tenido, es que todas las personas que quieran darme un detalle ese día, lo sustituyan por algo de una lista de cosas que necesitan en el 'Albergue de Bañaderos'.
No es que yo sea alguien a quien le hagan muchos regalos, pero las personas que me los hacen saben lo importante que es para mi que me ayuden en algo tan especial como esto.
Si quisieran colaborar, lo único que tendrían que hacer es darme lo que quieren que les llegue y yo se los llevaría o si quieren acompañarme, yo encantada.


Imagino que todos o casi todos, conocen este lugar y si no lo conocen, creo que queda muy claro lo que es con lo de 'albergue'. Así que para ir más directos a lo que pretendo, aquí les dejo la lista. Seguro que si algún día se animan a ayudar a estos pequeños, les vendrá bien saber las cosas que necesitan:

 

Y si quieren saber algo más, les animo a que entren en: http://alberguedeanimalesgrancanaria.org/

Tal vez lo poco que hago es por puro egoísmo, pero hasta de un sentimiento tan malo como ese se puede sacar algo positivo. Potenciemos las cosas buenas y demos la vuelta a lo malo.
No nos excusemos en 'yo soy así y hay cosas que no puedo cambiar'. Todos podemos cambiar lo que no nos gusta o aprender a vivir con ello de la manera más sana posible.

Oigan, ¿nos ayudamos entre todos?

Mucho amor.

viernes, 1 de mayo de 2015

Mi Granca, nuestro Granca (II parte):

Parecía que quedaba lejos. Nos esperaba un largo camino por delante, incertidumbre en cantidades industriales y trabajo por hacer, pero todo eso iba acompañado de muchísima fe. Fe en nosotros como equipo, en la historia, en la justicia que recompensa a los valientes.

Y llegó ese día tan soñado y tan amarillo. Llegamos por primera vez en nuestra historia a una final.
Mira que es curioso, Granca, llegamos a una final que significaría más inicio que desenlace. Digamos que llegamos al cielo y, por temas que se nos escapaban de las manos, no nos pudieron abrir las puertas.
Si te digo la verdad, en los aledaños también se está bien. Al final terminas contagiado de las mismas sensaciones que experimentaron los que sí pudieron atravesar esa mágica puerta.

No te escribo para contarte mi visión técnica del partido ni para recriminarte cosas que podrías haber hecho y no hiciste. Tampoco te redacto estas líneas para pedirte más ni para contarte lo que espero de ti en el futuro.
Te escribo porque siento que no me cabe más orgullo en el pecho. Estoy orgullosa de cada hombre que se dejó la piel en la cancha, jugando o apoyándote. Me enorgullece no solo sentir que mi corazón es amarillo, también notar que cada centímetro de mi piel lo es.  Me llena de felicidad ver como tú y solo tú eres capaz de reunir a jugadores que ya no están físicamente en el equipo.

No puedo ni debo recriminarte nada. Llevas en el cuello la medalla de subcampeón de la Eurocup. Llevas en esa medalla un pedacito de tu, cada vez más numerosa, familia amarilla.
¿Cómo no vamos a estar a la altura de las circunstancias si tú has cumplido con creces nuestras expectativas? Ya no somos los que casi llegamos, no, somos los que llegamos y, a nuestra forma, vencimos.
Ganamos confianza, adeptos, respeto y, por encima de todo, ganamos a la historia que tantas veces nos dejó con la miel en los labios.

Todos y cada uno de los que te amamos, estamos a tu lado. Seguimos aquí para decirles a todas las personas que somos subcampeones y que si en cincuenta y dos años de historia no hemos bajado los brazos, no lo haremos ahora que hemos escrito con letras de plata un nuevo paso en nuestro largo camino.
Yo te prometo que no me muevo de aquí, pero tú prométeme que jamás dejarás de ser ese equipo humilde que consigue sus logros con trabajo. Ese equipo que no pertenece a una sola persona, que es más del trabajador que con esfuerzo se compra su entrada o su abono para alentarte. Ese equipo que un día me enamoró y que jamás abandonaré.

¿Recuerdas que te dije que si aguantabas un poco con los brazos en alto, al bajarlos tendrías la Copa de campeón a la altura de los ojos? Pues no pudo ser, pero si sigues mirando al frente con los brazos en alto, te prometo, de corazón, que delante tienes muchas Copas más.

Tendrás delante muchas Copas, a los lados a tus compañeros y amigos que te ayudarán a luchar por ellas y detrás a una afición que te empujará hasta la meta.

No lo olvides jamás, Granca: El futuro es hoy.

Te quiere, tu afición.





jueves, 16 de abril de 2015

Al futuro hombre de mi vida:

Siento tener que empezar así, pero no quiero que te confundas. Tienes que tener presente que ser el futuro hombre de mi vida no te da ningún derecho sobre mi. Es más, tampoco te puedo prometer nada.

Ser el hombre de mi vida no es una ventaja, es más bien una de esas pequeñas cosas que te gustaría haber podido evitar.
Cuanto más tiempo pases a mi lado, menos entenderás las cosas. Es raro, ¿verdad? Es extraño que esté deseando que llegues a pesar de saber que no soy lo que te conviene o lo que necesitas.
Sí, dar cosas por supuestas es uno de mis mayores defectos. No te voy a mentir, es uno de una inmensa lista.

Me da tanta pereza contarte cada una de mis imperfecciones, que dejaré que cuando llegues te encuentres con todas de golpe. A la cara, sin maquillarlas con un millón de virtudes, sin esconderme.
Es curioso, llevo unos cuantos meses escondiéndome y, en este momento, siento la necesidad de desnudarme, de ser la persona más vulnerable del mundo.

Sé que vas a buscar tu felicidad por encima de todo, pero yo, tan fanática de los superhéroes, querré salvarte de todo lo que te pueda afectar. Te meteré en una burbuja y creeré que todas las cosas que estoy haciendo por ti son buenas.
No permitas eso. No dejes jamás que te niegue la posibilidad de equivocarte, caer y curar tus propias heridas. No lo hagas, porque si me dejas hacer algo así, creeré que soy la mejor persona del mundo, cuando la realidad es que soy la más egoísta.


Aprende a decir 'sí'. Conozco a tantas personas que se pasan toda la vida diciendo 'no', que cuando tienen que dar la negativa más importante de sus vidas, no son capaces.
El equilibrio perfecto está en decir 'sí necesito' y 'no quiero'. Porque no te equivoques, no me quieres.
Al principio, cuando despiertes a mi lado, sentirás ese pequeño cosquilleo de la novedad. Luego, con el tiempo, lo que empezarás a sentir es costumbre. En eso quedará lo nuestro, en costumbre. No vas a poder llegar a sentir nada por mi y no te culpo. Agradeceré que hayas aprendido a no solo decir que no, también a sentirlo. A sentir que cuando algo no puede ser, no es.

Por último, no empieces a culparte. No tienes la culpa de nada. La responsabilidad es solo mía. Defenderme con un 'yo soy así' es lo más estúpido que podría hacer. Es estúpido hacer creer a los demás que tu forma de ser no evoluciona o se adapta al entorno. No soy así, solo estoy pasando por una época de cambios. Tengo el alma patas arriba.

Por cierto, se me olvidaba, por si te estás preguntado el porqué de la carta: Quiero que tengas los motivos suficientes para irte. Cuando decidas hacerlo, no tendrás que contarme historias. Cuando quieras irte, no me cogerás por sorpresa, no dejaré de comer ni de dormir, no me quedaré muda por una larga temporada. Cuando te vayas físicamente, ya yo te habré apartado de mi vida mucho antes.



Mucho amor y mucha luz.

martes, 7 de abril de 2015

Mi Granca, nuestro Granca:

Es curioso que siempre que escribo sobre ti lo hago en forma de carta. Es curioso eso y que te hable en singular siendo ese 'algo' que lo componen tantas personas y sentimientos.
Necesito escribirte cercana y nada es más íntimo que una carta. Las palabras salen solas de los dedos, pero la pasión que siento por ti van de la mano con ellas.

Mi Granca, estamos a un paso, ya no solo de hacer historia, sino también de ser presente, realidad y, de alguna manera justicia, esa que premia la bondad y la virtud... poética. 
Hace muchos años que luchamos juntos en la cancha y decir que eres parte de mi, es una realidad. Hemos sufrido juntos derrota tras derrota, pero las alegrías han compensado con creces todos esos momentos amargos.

Mañana es un día importante, de esos que una quiere recordar y contar, dentro de muchos años, a sus nietos. Día en el que solo las personas que te hemos visto caer y levantarte una y otra vez, viviremos de una manera muy especial. 
Dicen que todavía no es tiempo de alegría pero, entre tú y yo, el baloncesto es un deporte que está en tan continuo cambio, que no alegrarse por cada partido ganado, siento que es una ofensa. Al igual que analizamos los errores cuando perdemos, debemos valorar todas esas cosas buenas que tenemos y que nos llevan a la victoria. 

Puedo pasarme la vida repitiéndote que, pase lo que pase, aquí nos vas a tener siempre. Hoy te lo vuelvo a recordar pero, por favor, lucha. Da todo de ti, porque tenemos una deuda. Debemos luchar por todos esos aficionados que siguieron al equipo en Tamaraceite, en el CID o en el Gran Canaria Arena y que no tuvieron tiempo de ver como crecías, o por lo que seguimos aquí empujando. Debemos saldar esa deuda con esos jugadores y entrenadores que apostaron por nosotros: Moran, Savané o Mario, entre tantísimos guerreros amarillos. Debemos dar todo por nosotros, porque un día dejamos de ser ese club pequeño, para pasar a ser ese club enorme que no olvida sus comienzos.

Cuarenta minutos nos separan de la tan ansiada final. Cuarenta minutos que, si sabemos jugarlos bien, resumirán a la perfección cincuenta y dos años de historia. 
Cuarenta minutos en los que cada uno de los que estemos sentados en la grada, recordaremos momentos importantes de tu historia, de la nuestra.

Aguanta un poco más con los brazos en alto, porque cuando los bajes, tendrás la copa de campeón a la altura de tus ojos. Tendrás la recompensa, a la altura del corazón.

Te quiere y apoya, tu afición.



sábado, 14 de marzo de 2015

Nuevos proyectos.

'Necesito que algo salga bien. Necesito sentirme bien por algo.
No estoy deprimido. No tengo el corazón destrozado. No estoy triste. No se ha muerto.

Está ahí, viviendo su sueño y sé que es feliz. Me siento orgullosa de él, pero también
me siento como si no fuera totalmente justo, ni razonable, ni bueno. Él sigue día a día y es feliz sin mi.
Todos los días me despierto en un pozo, sintiéndome como si ya no tuviera sueños. Tal vez tuve mis sueños y se acabaron.
Seré la típica tía soltera, sin marido ni hijos, ni familia. Él era mi familia. Se ha marchado y yo dejé que se fuera e hice bien, es mejor para él, pero para mi...

Quiero que algo salga bien. Necesito una razón para despertarme y no volver a meterme en esa cueva donde estaba antes de conocerlo. Él me salvó. ¿Tú recuerdas cómo estaba? Estaba a oscuras. La oscuridad sigue dentro de mi. Él la alumbró, así que creí que podría vencer a la oscuridad haciendo algo bueno, quería hacer algo bueno.

Estar con los chicos que me recuerdan...
Quiero que salga bien'.

Creo que es la reflexión que mejor me define ahora mismo.
Siento que puedo vencer la oscuridad haciendo una buena acción, o dos... Las necesarias para sentirme mejor, para hacer sentir bien a otros o para mejorar un poquito el mundo.
Tal vez no esté bien contar proyectos futuros o pensar que tus acciones son importantes, pero me apetece compartir algo positivo. Aquí van dos ideas para las que han contado conmigo:

La primera de todas está relacionada con los niños. Adoro a los chiquitines de la casa. Junto a los ancianos, creo que son los seres que más nos pueden enriquecer como personas. La pureza, la sensibilidad e incluso la honestidad, son valores que un niño nos puede transmitir con la mayor de las transparencias.
Por eso, dentro de un tiempo aún por definir, voy a trabajar con niños que no están pasando un buen momento. Mientras se ayuda a sus padres a buscar soluciones, nos encargaremos de dar un poquito de esperanza y sueños a los más pequeños. Es un proyecto egoísta, lo reconozco. Es egoísta porque sé que ellos me podrán aportar muchas más cosas que yo a ellos, pero voy a dar todo y más de mi para que tanto ellos como yo seamos más felices.
¿Saben lo que llena el alma la sonrisa de un niño? No busquen la magia en otra parte, está toda ahí.

Por otro lado, otro de los proyectos que tengo entre manos es el de colaborar en un comedor social. Todos, absolutamente todos, ahora mismo, somos seres en riesgo de necesitar lo más básico.
Cada vez acuden más personas a pedir alimentos o un techo, e incluso, alguien que los escuche sin más. Es doloroso y yo he decidido que me niego a seguir viendo eso desde casa.
Necesito aportar mi granito de arena y, aunque esté mal decirlo, escuchar es una de las cosas que mejor se me dan. Me han escuchado tanto a mi, que tengo la necesidad de devolver ese gesto.

Sí, otra vez sin quererlo me vuelve a pasar, vuelvo a tropezar con otro proyecto egoísta.
Y sonrío. Sonrío porque me llena de energía positiva pensar que alguien, en un momento dado, consideró que era la persona correcta para proyectos tan bonitos y gratificantes. Es emocionante y, a la vez, te llenas de una responsabilidad que solo tú entiendes.

Interesados o no, he encontrado dos de los planes que más pueden ayudarme a vencer la oscuridad, me harán crecer como persona y conseguirán que me sienta orgullosa de mi misma.


¡Si supieran la cantidad de ideas bonitas que tengo en mi cabeza! Voy a luchar por ellas...

'Ayudar al que lo necesita no solo es parte del deber, sino de la felicidad'.


Mucho amor.

martes, 3 de febrero de 2015

El poder de la palabra

Hoy se cumplen ocho años desde que se fue la persona más importante de mi vida.
Podría pasarme horas hablando de él, pero prefiero escribir sobre algo tan importante y especial que me enseñó.

La palabra, para bien o para mal, tiene un poder grandioso en la persona que la transmite y en el que la recibe.
Muchas veces no somos conscientes del valor que tiene decir algo a tiempo, algo positivo o algo constructivo.
Creemos que nuestra opinión es una más entre todas pero, tal vez, tu opinión puede ser clave.

Vivimos esperando la aceptación, el respeto y la admiración de las personas que nos rodean. No diré que eso es sano ni recomendable, pero sí necesario en su justa medida.
Anhelamos la sensación que nos deja una palabra dicha a tiempo para compensar la autocrítica, recompensar el esfuerzo que hacemos para corregir nuestro lado más negativo y para seguir siendo fuertes en un mundo que está del revés.

No dudamos ni un segundo en decirle a la persona que tenemos al lado que su ropa no combina, que ha metido la pata en eso en lo que lleva trabajando desde hace mucho tiempo o en que la talla de unos vaqueros debe ser su máxima preocupación.
No me parece justo ni necesario.
No necesito que colaborares en mi inseguridad, que rompas mis ilusiones o que me des lecciones de vida.

Invirtamos más tiempo en ayudar al otro a sentirse mejor. Luchemos por transmitir un halo de buena energía, por materializar los sueños, por hacer más sencilla la vida de los demás.
Lo sé, hacernos cargo de la felicidad de otra persona puede generar frustración e incluso puede resultarnos una tarea casi imposible.
No pretendas conseguir eso, solo tienes que ser consciente del poder que tienes y elegir bien lo que quieres expresar.



Lo que llamamos 'libertad de expresión' pierde la palabra 'libertad' cuando la expresión daño al otro.



Mucho amor y palabras bonitas.

martes, 27 de enero de 2015

Baila

Silencio. Un piano. Gymnopédie No. 1 de Erik Satie. Tristeza. Melancolía.

Ella no sabe tocar el piano, pero ama tanto la música y el sonido de ese hermoso instrumento, que siente que puede tocarlo con el alma. Daría todo lo que posee por tener el virtuosismo de un pianista, su elegancia, su sensibilidad o su capacidad para emocionar.

Quizás aprender a tocar el piano le habría servido para dejar de ser tan introvertida. Si hubiera aprendido a tocarlo, habría tenido la posibilidad de expresar a través de sus dedos como se sentía en cada momento.
No habría necesitado la palabra para expresar que estaba triste, abandonada y perdida. Habría dejado que Erik Satie, por ejemplo, dijera por ella: 'Hola, da igual mi nombre, pero necesito tu ayuda. No me preguntes exactamente qué necesito porque no lo sé. Siéntate al piano conmigo y no me dejes sola'.

Sin poder evitarlo, recuerda que por alguna parte del dormitorio tiene su caja de música. Después del piano, el sonido que emite esa pequeña caja es el que más le gusta. La busca desesperada. Ahí está, en el banco de madera que hay debajo del ventanal de su habitación.

Es preciosa. Es de color beige, con unas flores talladas por toda su superficie. Huele a madera y a jazmín. No pesa nada. La abre y por unos segundos se deja embriagar por el sonido que emite. No le recuerda a ninguna melodía en concreto, pero le gusta.
La deja encima del banco de madera y decide ponerse a bailar al son de la música. Gira sobre sí misma con los ojos cerrados. Levanta los brazos, los coloca con elegancia y sigue girando. Sonríe después de mucho tiempo, hasta que algo le hace despertar de su dulce sueño. Se da cuenta de que su cajita de música no tiene bailarina.

Y lo recuerda, su caja de música no tiene bailarina porque ella decidió sacarla de ahí y esconderla. La escondió en un cajón oscuro. La encerró el día que ella dejó de soñar, de hacer lo que le gustaba, de amar los pequeños detalles...
La escondió porque no se sentía preparada para afrontar la vida.
El día que lo hizo decidió que no volvería a dejar que la bailarina danzara al son de esa bella melodía hasta que aprendiera a apreciarla. No la dejaría salir hasta que entendiera que tenía que aprender a mostrarse poco a poco, a no tener miedo de sentirse admirada, a valorarse y a crecer cuando la tapa de madera se levantara.

Ahora sí, después de mucho tiempo, se sentía preparada. Ella y su bailarina.
Y como si del más bello piano se tratara, la cogió entre sus manos y la colocó encima de su pequeño pedestal. La hizo girar y girar al ritmo de la música. Admirándola. Sonriendo. Entendiendo que la belleza puede estar en un piano, en una caja de música o en las pequeñas reflexiones que nos hacen seguir avanzando día a día.

Mucho amor.


viernes, 16 de enero de 2015

A mi yo de ayer:

Te juro que no sé en que momento del pasado estás leyendo esto, pero estoy completamente convencida que lo estás haciendo cuando más lo necesitas.
No sé si tengo todas las respuestas que quieres leer, pero son las que hay, con las que te toparás en unos meses, las que te harán respirar de alivio.

No llores más, por favor. Con los ojos hinchados no serás capaz de ver lo que de verdad es importante. Las lágrimas nublan la vista y la razón.
Yo más que nadie entiendo que no puedes evitarlo y que cualquier mensaje lleno de energía positiva, ahora mismo, te suena vacío.

No dejes que te hagan daño, te mareen o decidan por ti. Aunque ahora no estás en tu mejor momento, debes quererte y decidir lo que será mejor para volver a ser la chica que eras.
Te voy a contar algo: harás daño. Lo harás sin querer en la búsqueda de tu felicidad.
No te diré que está justificado ni que has hecho bien, pero lo hiciste y pedirte que lo evites sería cambiar tu futuro. Para bien o para mal, todo lo que hagas te va a convertir en lo que ahora soy.

Cuida los detalles. Un beso, una sonrisa, una caricia y hasta un guiño de ojos no significan nada a largo plazo, pero esos segundos pueden sanarte tanto el alma... Ahora quédate con los momentos y no con las promesas. Lo que vives es real, las promesas no.

No te cierres. Te conozco y sé que necesitas sentirte cercana, ayudar a los demás, compartir tus pequeños logros y tus grandes frustraciones. Solo aléjate de lo que no vaya a ninguna parte o te hiera. Sé valiente para tomar esa decisión porque el dolor se mete en la piel y te consume muy despacio.

Sonríe, baila, charla, come, duerme, lee, ten sexo, vive, siente... ¡Hazlo desde ya!
La vida no se va a detener porque tú tengas un mal día. El mundo no gira alrededor de ti. No quieras dejar que pase el tiempo 'correcto' para hacer tu vida. No hay tiempo, márgenes de espera o momentos correctos cuando se trata de ser feliz.

Quiero creer que estarías medianamente orgulloso de ti, de mi. He conseguido cosas que seguro ahora no te estarás ni planteando. Cosas pequeñas, insignificantes a simple vista, pero cosas que ahora mismo me mantienen a flote.

No te voy a contar nada que influya en tus decisiones o que coarte tu libertad, pero sí que te puedo decir que no soy todo lo feliz que soñé ser, pero que lo voy a lograr y en unos meses me acordaré de ti y diré: Gracias a mi yo de ayer, por vivir...

Mucho amor.