jueves, 7 de abril de 2016

Con la punta de los dedos.

No puedo dormir.

No paran de repetirse en mi cabeza una por una todas las canastas que logramos anotar. Sí, nada de fallos o de 'pudimos hacer esto en tal momento'. Solo puedo pensar en lo increíblemente luchadores que hemos sido durante todo el partido.

A veces me da por pensar en que nos hemos malacostumbrado. Parece que si el equipo no llega a una final, todo el camino recorrido no ha valido nada.
Para mi, hoy, no nos hemos quedado por el camino, al igual que tampoco considero que nos hayamos quedado en él el día que logramos ser subcampeones de la Copa del Rey. Cada paso es un nuevo avance que hasta hace dos o tres años ni imaginábamos conseguir.

¿Saben qué vi hoy?
Vi como un tío de treinta y siete años se jugaba a 'vida o muerte' la última canasta. Entraba o no entraba, pero no había complejos de ningún tipo, solo la seguridad que uno va ganando a base de mimar el baloncesto.
Vi como unos 'niños' se portaban como adultos, teniendo la templanza y el acierto que solo la edad y la experiencia te regalan.
Vi a bajitos saltar como gigantes y a gigantes que no entienden las palabras 'no puedes'. ¿No qué? No le digas a ellos mil veces que no lograrán conseguir algo, que mil una te demostrarán que el que no puede es el que no lo intenta.

También vi la infinita paciencia del que espera su turno, no llega, pero siempre está presente. Bendita paciencia que no te da la juventud, que la obtienes a base de golpes y que te hacen crecer.
Vi tantas cosas, que hasta me pareció ver a un superhéroe sin capa en el banquillo. A un ladito, como el que espera que llegue su momento de actuar, estaba él. Les juro que si no salió al rescate fue por razones técnicas, porque vaya si le sobraban ganas y fortaleza.

Foto de la página web del Granca

Ay mi Granca, ojalá la vida me tenga reservadas historias increíbles a tu lado. Ojalá la vida respete mi memoria para jamás acomodarme, para seguir recordando a cada 'escalón' que se colocó en el lugar exacto para ayudarnos a avanzar. Ojalá...
Eso sí, ten por seguro que da igual lo que el tiempo haga con mi memoria, que de mi corazón no te irás jamás y si un día me cuesta recordarte, miraré mi brazo y pensaré: 'importante tienes que ser, para que te me hayas quedado grabado en la piel'.

¿A por otra final?

Te amo.

Sara.

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