Qué bonito poder llamarte así, hermano. Aunque para ser totalmente honestos: qué bonito haberte conocido, sin más, ni menos.
¿Sabes algo? Yo me niego a despedirme de ti. Me niego porque tú no te vas de los lugares que han formado parte de tu vida ni de los recuerdos más bonitos y constructivos. Jamás te vas a poder ir, te lo juro.
Eres parte de nuestra historia como club. De ese pasado no siempre tan prometedor y justo, pero siempre luchado y enriquecedor.
Eres parte también de nuestra historia personal de la que has formado parte apenas sin darte cuenta. A muchos nos has visto crecer como personas y nos has enseñado valores que no solo son importantes en una cancha de baloncesto, pero ahí los aprendimos de ti.
Contigo aprendí que si media cara se te paraliza y no te quiere responder tienes la otra mitad para pelear. Que un amigo, de los de verdad, puede nacer en la otra parte del mundo y entenderte y protegerte como la persona que mejor te conozca (sí, ya sabes que hablo de Jimbo).
Que si tienes la inmensa suerte de tener voz, también tienes la obligación moral de usarla para defender lo justo.
Que a veces se gana, pero siempre se debe aprender. Sabes perder y, por encima de todo, sabes ganar.
Ay capitán, qué bonito será contarles, a los que por edad aun no te conozcan, quien eres. Hablarles del CID, de que no todos los sueños se cumplen pero que jamás te puedes ir a la cama sin sentir que lo has intentado por todos los medios o que los trofeos no miden la valía de una persona. Jamás midas lo que vales por algo que coge polvo guardado en una estantería, hazlo por algo que te llene de verdad.
Qué especial es poder hablar de alguien en pasado, en presente y en futuro. Recordando, viviendo e imaginando. Y qué especial será también verme con 70 años sentada en el pabellón en el que juegue el equipo de nuestros amores, mirar nuestro tatuaje y pensar: "pues aquí seguimos una temporada más hermanito y, ¿viste? no nos tuvimos que despedir".
Gracias. Por querernos y dejarte querer, por las mejores mañanas de domingo, por el tiempo, por permitirnos soñar y por lo que has sembrado.
Gracias por ser nuestro capitán, nuestro eterno 7.
Como dicen los Gofiones en su canción Gran Canaria:
"Formas parte del total
de siete esmeraldas,
en ti me quiero quedar
¡Ay, mi Gran Canaria!"
Esta siempre será tu casa.
Y no lo olvides: no es un "adiós", es "hasta el próximo partido".


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