martes, 3 de febrero de 2015

El poder de la palabra

Hoy se cumplen ocho años desde que se fue la persona más importante de mi vida.
Podría pasarme horas hablando de él, pero prefiero escribir sobre algo tan importante y especial que me enseñó.

La palabra, para bien o para mal, tiene un poder grandioso en la persona que la transmite y en el que la recibe.
Muchas veces no somos conscientes del valor que tiene decir algo a tiempo, algo positivo o algo constructivo.
Creemos que nuestra opinión es una más entre todas pero, tal vez, tu opinión puede ser clave.

Vivimos esperando la aceptación, el respeto y la admiración de las personas que nos rodean. No diré que eso es sano ni recomendable, pero sí necesario en su justa medida.
Anhelamos la sensación que nos deja una palabra dicha a tiempo para compensar la autocrítica, recompensar el esfuerzo que hacemos para corregir nuestro lado más negativo y para seguir siendo fuertes en un mundo que está del revés.

No dudamos ni un segundo en decirle a la persona que tenemos al lado que su ropa no combina, que ha metido la pata en eso en lo que lleva trabajando desde hace mucho tiempo o en que la talla de unos vaqueros debe ser su máxima preocupación.
No me parece justo ni necesario.
No necesito que colaborares en mi inseguridad, que rompas mis ilusiones o que me des lecciones de vida.

Invirtamos más tiempo en ayudar al otro a sentirse mejor. Luchemos por transmitir un halo de buena energía, por materializar los sueños, por hacer más sencilla la vida de los demás.
Lo sé, hacernos cargo de la felicidad de otra persona puede generar frustración e incluso puede resultarnos una tarea casi imposible.
No pretendas conseguir eso, solo tienes que ser consciente del poder que tienes y elegir bien lo que quieres expresar.



Lo que llamamos 'libertad de expresión' pierde la palabra 'libertad' cuando la expresión daño al otro.



Mucho amor y palabras bonitas.

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