domingo, 21 de febrero de 2016

Para ti, Granca.

Si hace unos días me llegan a decir que hoy estarías luchando por ganar la Copa del Rey, me habría costado creerlo.
Me habría costado como me costó creer que Kuric tenía un meningioma; como el adiós de Moran y de Savané o que llegaríamos a la final de una Eurocup.
Me habría costado no por falta de fe, sino porque muchas veces sentí que la historia no era justa con nosotros.

La historia ha sido puñetera pero, ¿sabes una cosa? De la enfermedad de Kuric aprendí que cuando uno se aferra a la vida, termina ganando.
El adiós de Moran y Savané me enseñó que en la vida estamos de paso, pero lo más grande es lo que hagas durante ese camino.
Y de esa preciosa final de la Eurocup descubrí que íbamos a tener una y un millón más de oportunidades de conseguir grandes cosas,

Si nos centramos en los números no hemos ganado, es evidente. Si nos centramos en la evolución, en el coraje; en las palabras que nos están dedicando conocidos y desconocidos, somos los vencedores absolutos de esta Copa del Rey.

No te podemos reprochar nada, porque cuando uno es capaz de ilusionar hasta en la derrota, la unión se hace más y más grande. La ilusión que nos llevará de la mano a ganar muchos trofeos, te lo prometo.



Te confieso que siempre sueño con traer a mis hijos a verte. Tengo muchas cosas que contarles de ti, pero lo que más deseo es que ellos descubran, a tu lado, los valores tan hermosos que me has transmitido a mi.

En las lágrimas de Oliver de hoy vi que, como diría Gardel (adaptándolo un poco), 37 años no son nada, porque uno decide cuando quiere envejecer.
En las canastas de Xavi y Pablo, compromiso por los colores que defienden.

En los ojos de Newley vi a Moran, no te lo voy a negar. Esa humildad, ese respeto por el equipo y por los rivales, su mal disimulada tranquilidad... Lo vi a él.
Y de Savané, de él descubrí esa suma de pequeñas cosas que absorbe de cada compañero.
¿Sabes? A veces tengo miedo, porque cuando se fue, algo me decía que algún día volvería, pero todos sabemos que cuando esta vez lo haga ya será para no volver a pisar, como jugador, una cancha. Eso asusta, porque no nos podemos permitir el lujo de perder, de alguna forma, a alguien como él.

Siento que todos y cada uno sin excepción, se han dejado el alma en esa cancha que siempre nos recordará que cada día estamos más cerca de cumplir nuestro sueño. Nos recordará que los viajes que hacemos al fin del mundo se superan mejor con el calor de la afición. Nos hará tener presente que nada es lo suficientemente importante como para conseguir que nos rindamos.

Algún día este equipo se irá, pero jamás podremos olvidar como Pangos se partía la cara por el equipo (literal), como Omic logró un cachito del corazón de toda una isla o como Seeley decidió tirar del equipo porque creía en su poder.
Tampoco podremos olvidar como un gran Paulí aceptó cada papel que se le dio y lo defendió con todo el respeto del mundo, como Eulis Báez nos hizo creer que los rivales 'no pueden' y Sasu que los copitos pueden caer diariamente y refrescarnos.

Aunque ahora mismo, lo más importante es que no te olvides de sonreír jamás, porque todos los jugones sonríen igual. Y oye, recuerda que la vida puede ser maravillosa.

Te amo, Granca.

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